EL CISNE NEGRO DE MACRI

El fin del dinero barato y el avance a paso firme hacia una Tercera Guerra Mundial: una nueva etapa de la crisis imperialista mundial

EL CISNE NEGRO DE MACRI

Artículo escrito por Lionel Stiglitz y Christian Armenteros (*)

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Con el lunes negro de febrero 2018, se terminó la etapa de la expansión monetaria, las tasas bajas y el endeudamiento barato para la especulación en los países oprimidos.

No es una “corrección”, el derrumbe financiero inaugura una nueva etapa en la crisis mundial: el fin del dinero barato

El lunes negro del 5/2 puso en evidencia el carácter totalmente parasitario y especulativo del estancamiento de 2011-2016. En un día, las bolsas perdieron 4 billones de dólares. No se trató de una “corrección” tras la cual la economía volvería a una línea ascendente sino de la bisagra de un cambio de etapa. Los grandes monopolios que cotizan en bolsa vienen no solamente refinanciando sus deudas una y otra vez (debido a las bajísimas tasas de interés) sino incluso recomprando sus propias acciones (en 2017 las principales 500 empresas de EE.UU. llegaron a gastar en la recompra de acciones más de 500 mil millones de dólares, ver gráfico) y distribuyendo dividendos entre sus accionistas financiandose con deuda, dado que sus rendimientos operativos son bajísimos, razón por la cual tampoco se endeudan para invertir proyectos de producción. Es decir que que llegamos al absurdo de la economía zombie donde las “ganancias” son producidas con deuda. Lejos de sacarse de encima los activos tóxicos o la banca zombie, ahora el cáncer de la crisis financiera llegó al hueso de la producción, y las empresas han adoptado el funcionamiento de la banca especulativa. Ahora que el Banco Central de EE.UU. (FED) subió la tasa de interés, estas empresas deben garantizar los dividendos a sus accionistas y la recompra de acciones para no perder valor bursátil (ficticio), con una tasa de interés mayor, lo cual desplomó sus acciones.

El aumento de la tasa de interés se debe a que la FED quiere bajar la inflación en Estados Unidos (que encarece los productos norteamericanos respecto el resto del mundo), en el marco de la guerra comercial que desarrolla Trump. Por eso el anuncio de que los salarios le ganaron a la inflación en EE.UU. generó la preocupación entre los especuladores de mayores aumentos de la tasa de interés este año (que sean 4 o 5 aumentos en vez de 3). Esto es así porque la FED anunció que quiere una inflación de 2% (la inflación ya dió 2,1% y el aumento salarial 2,9%).

Las tasas de la FED, luego de pasar 7 años (diciembre 2008 a diciembre 2015) en valores cercanos a 0 está siendo aumentada de manera escalonada, hoy en 1,75%. Esto implica un gran “stress financiero” para las empresas y los gobiernos endeudados (como el de Macri) porque ahora a los bancos les cuesta más caro pedir plata prestada al Banco Central de EE.UU. y por lo tanto van a buscar tasas de interés más altas o inversiones más seguras. Al mismo tiempo, las empresas que están endeudadas les va a costar más refinanciar sus deudas o invertir.

El probable mayor ritmo de aumento de las tasas de interés de la FED generó pánico porque las tasas bajas son las que financiaban la especulación en las bolsas, en los países oprimidos y en los bonos de deuda de los estados. De esta manera, aumentó el riesgo país en Argentina, subió la tasa de los bonos del Tesoro de EE.UU. y se derrumbaron las bolsas en general. El flujo financiero a nivel mundial consistió (y consiste) en que los grandes fondos de inversión se retiran de los países oprimidos donde estaban especulando en las monedas locales o commodities (BRICS, Turquía, Argentina, etc) para comprar dólares o bonos de países imperialistas (resguardo de valor, por eso se llama “vuelo hacia la calidad”). Es una inmensa fuga de capitales a nivel mundial.

Este derrumbe estuvo precedido por el derrumbe del Bitcoin, una moneda virtual sin fundamento de valor que solamente se sostiene por la expectativa de su valor futuro (o sea el arquetipo de la especulación). El Bitcoin perdió  ⅔ de su valor en menos de 2 meses.

Nosotros interpretamos que este crack no se trata de la “corrección” de una “recuperación” que vendría realizándose desde 2011 hasta 2016, sino que se trata de la bisagra que inaugura una nueva etapa de la crisis imperialista mundial.

El fin del dinero barato, una nueva etapa de la crisis capitalista mundial

Este episodio y sus perspectivas resuelven un debate sobre las características y la continuidad o no de la crisis capitalista mundial. Mientras la mayoría de los economistas burgueses y de la izquierda democratizante hablan de la “recuperación” de 2011-2016 (debido a los magros aumentos del producto bruto a nivel mundial), nosotros caracterizamos un “estancamiento zombie”. Decimos esto porque esta etapa se caracterizó por:

  • Un espectacular aumento de la impresión de dinero fiduciario en todo el mundo: planes de expansión monetaria de la FED, el BOJ (Japón) y el BCE (Unión Europea) que cuadriplicó la base monetaria de los principales bancos centrales  a nivel mundial, con una gran cantidad de dinero circulando sin respaldo.
  • Aumento del endeudamiento de las empresas. Muchos de estos fondos eran aplicados a la recompra de sus propias acciones para hacer subir artificialmente su valor en bolsa
  • Aumento del endeudamiento de los gobiernos
  • Declinación de la tasa de ganancia
  • Declinación de la inversión (como consecuencia de la caída de la tasa de ganancia)
  • Pequeño crecimiento con ritmo decreciente del producto bruto
  • Aumento de la población que se retira del mercado de trabajo (dejan de buscar empleo)
  • Aumento de la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres

Los únicos que se desendeudaron en este período fueron las familias de consumidores, es decir en su mayoría trabajadores que le pagaron sus deudas a los bancos mientras éstos se endeudaban a tasas cercanas a cero con los gobiernos.

Esta caracterización es importantísima porque lejos de haber logrado “extirpar” el cáncer de la crisis financiera, la economía mundial y el aparato productivo en particular como planteaban los que sostenían la tesis de la recuperación, lo que sucedió es que el aparato productivo, las empresas industriales y de servicios y los gobiernos han sufrido una metástasis, absorbiendo ellos mismos la nueva deuda, apalancando sus operaciones sin que haya un efectivo aumento de la tasa de ganancia y por lo tanto, preparando un nuevo y mayor estallido frente a esta nueva etapa de la bancarrota capitalista mundial. Por eso, tenemos brusca caída de principios de año a partir de la suba de tasas de interés.

Ascenso del fascismo, guerra comercial y retracción del capital sobre bases nacionales

Es en esta nueva situación que se inscribe el ascenso del fascismo (Trump, Liga Norte en Italia, etc), los choques comerciales (Trump contra China y la UE), la posibilidad de que la Tercera Guerra Mundial por partes devenga en un conflicto abierto a nivel mundial.

Las medidas proteccionistas de Trump de aumento de las tarifas sobre la importación de acero, implican un choque sobretodo con China, no por el volumen de acero exportado a EE.UU, sino porque serán utilizadas para discutir la relación de las empresas estadounidenses que producen en China con las empresas chinas y el gobierno chino, acusado por el robo del know how a las multinacionales yanquis. Trump ya retiró a EE.UU. del TTIP (tratado transpacífico de libre comercio impulsado por Obama) y es posible que se retire también de la OMC. Asimismo, al retirarse del Acuerdo de París, Trump responde al lobby energético estadounidense para poder desarrollar con fuerza la industria destructiva del fracking a fin de no depender de la importación de energía. El aumento del proteccionismo en las metrópolis también refuerza la presión de las burguesías metropolitanas contra su propia clase obrera (como lo demuestra la reforma laboral de Macron y la preocupación de Trump para controlar el aumento de salarios por encima de la inflación en EE.UU).

Las medidas proteccionistas de Trump fueron respondidas por parte de China con nuevos aranceles al comercio que ya provocaron un nuevo derrumbe en la bolsa de Wall Street. También los principales dirigentes europeos salieron a contestar que responderían con medidas comerciales contra Estados Unidos.

El paquete de recorte fiscal, por un lado, y desregulación bancaria que acaban de aprobar los republicanos implican también pasos en el sentido de retracción del capital estadounidense sobre sus propias bases. Hoy, el 40% de las ganancias de las grandes corporaciones estadounidenses son producidas en el exterior, lo que no sólo es producto de la tercerización en busca de bajos salarios, sino también triangulación de ganancias a través de paraísos fiscales. Con la reforma fiscal, que promete darle 1.3 millones de dólares por año a cada hogar del 0,1% más rico, apunta a que las grandes corporaciones americanas (Apple, Microsoft, Verizon, etc) traigan esas ganancias a territorio estadounidense. Es decir que Trump quiere transformar a EE.UU. en China (bajando el salario real para que las industrias produzcan ahí) y en una suerte de paraíso fiscal donde no se paguen impuestos.

La desregulación bancaria, con la excusa de ayudar al desarrollo de los bancos pequeños, implica reducir el control de la FED sobre el sector para dar rienda suelta a la especulación (volcar los ahorros de las familias a la timba financiera). El gobierno de Trump tiene como asesores a ex directivos de Goldman Sachs, uno de los principales bancos de inversión yanquis. El gobierno de Trump, de esta manera, desarma la Dodd-Frank Act, la ley que había regulado el sistema bancario luego de la bancarrota de 2007/9 para intentar de generar una “banca herbívora”, es decir una banca que no generara procesos especulativos y crash financieros que hundieran a toda la economía. En verdad el resultado de esta regulación bancaria fue el desarrollo impetuoso del “shadow banking” (la banca en las sombras) que ha desarrollado varias burbujas con riesgo de estallar.

De conjunto, por lo tanto, se trata de una ofensiva imperialista para desregular y liberar toda la agresividad del capital financiero estadounidense. En este objetivo, la destrucción de la arquitectura regulatoria de la globalización, así como los choques comerciales son inevitables para asegurar la primacía de la economía estadounidense.

Frente a este cuadro histórico, caracterizamos que el ascenso del fascismo en las metrópolis no implica una victoria nuestra en tanto se derrumban los globalizadores aliados de Macri (como caracteriza el kirchnerismo, por ejemplo). Tampoco creemos que la polarización política y el derrumbe del centro globalizador implique la necesidad de defender ese orden cadavérico contra la derecha fascistizante. Esta posición la desarrolló claramente Paul Mason, intelectual de la izquierda social imperialista que propone un “frente estratégico” con los neoliberales para defender la democracia globalizadora y capitalista “como hizo la Comintern en los ’30”. La unidad estratégica en defensa de la globalización con los que van a morir aferrados de la Unión Europea y la OMC sólo puede llevar al ascenso del fascismo. Por eso estamos en contra de la foto de Cristina con Pablo Iglesias, el dirigente español de PODEMOS. No queremos fotos con los defensores de la Unión Europea y la ONU como PODEMOS. Queremos fotos con Maduro y con los dirigentes catalanes que están siendo enviados a prisión por Rajoy y Merkel.

Para nosotros, el ascenso del fascismo se combate llamando a la constitución de un frente antifascista desde una perspectiva revolucionaria, es decir, desafiando a todas las fuerzas políticas a luchar contra el fascismo.  El choque entre regulacionistas, es decir aquellos que piensan que puede controlarse la voracidad del capital mediante una nueva arquitectura financiera internacional, y los fascistas (que quieren liberar a la bestia del capital financiero) habilita la intervención de masas, como lo estamos viendo en EE.UU. con los choques de la diferentes fuerzas políticas social imperialistas contra el fascista de Trump y la irrupción del movimiento popular anti-Trump. Al mismo tiempo, los regulacionistas, en aras de salvar a la globalización liberal, intentar desarrollar una ofensiva antiobrera, como está haciendo Macron en Francia con la reforma laboral. Macron nos dice, “yo derroté a Le Pen, así que ahora permítanme destruir sus salarios”. Pero el pueblo francés está diciendo: “no votamos contra Le Pen para que vengas a robarnos nuestras  vidas!”. Estamos con el pueblo francés, con la lucha obrera contra los globalizadores, así como contra las reformas anti-obreras de Syriza en Grecia, mientras llamamos a la constitución de un frente anti-fascista y peleamos por que la dirección esté en manos de los sindicatos y la izquierda.

Se prepara el pasaje de la Tercera Guerra Mundial por partes a la conflagración entre Estados

Esta situación económica internacional genera que pasemos de una Tercera Guerra Mundial en partes a un choque entre Estados. Esto se demuestra en los cambios de protocolo del Pentágono: el principal enemigo estratégico ya no es es el yihadismo sino China y Rusia. Además, han cambiado la valoración del poder nuclear, pasando de un armamento nuclear difícil de ser efectivamente utilizado con el objetivo declarado de “evitar una conflagración” (asustar para no chocar) a desarrollar nuevas ojivas más utilizables y anunciar que se podrán utilizar para ataques. Esto demuestra que el imperialismo nunca puede ser guardián de la paz y que en tiempos de paz la maquinaria imperialista siempre se prepara para nuevas catástrofes bélicas.

La OTAN está cambiando sus entrenamientos militares en ese sentido: en los ejercicios de tropas priorizan el entrenamiento en choques con ejércitos regulares, por sobre el entrenamiento en contra-insurgencia (que está apuntado sobretodo a las intervenciones en Medio Oriente). Estas maniobras son una agresión contra Rusia e Irán (debido a que se desarrollan en Europa del Este) y se realizan en colaboración con grupos neonazis asociados al gobierno polaco. Al mismo tiempo tenemos la declaración de Putin de reactivación de armamento nuclear en Rusia y el avance de China en el territorio del Mar del Sur chino contra la presencia de la 7ma Flota del Pentágono yanqui. Es decir que hay un aumento de la tensión militar en todo el mundo, sobretodo en la zona del Pacífico y en la frontera ruso-europea. Esto se suma al reciente bombardeo de Siria por parte de EE.UU, Francia e Inglaterra.

La posibilidad de que EE.UU. se retire del pacto con Irán (que había sido impulsado por Obama) como indicó la editorial del New York Times del 1 de abril, puede significar un gran paso hacia una confrontación a gran escala. China es el principal consumidor del petróleo iraní, y una parte importante de este se transporta por un gasoducto ruso.

La 3era Guerra Mundial ha comenzado, por partes. El imperialismo comienza sus maniobras y primeros ataques militares en las colonias como teatro de operaciones, como lo fue la Guerra de los Balcanes de 1912 antes de la Primera Guerra Mundial, previo a descargar una conflagración militar que involucre a las metrópolis. Lo que determina que aún no se haya pasado a una Tercera Guerra Mundial propiamente dicha es que la Unión Europea no ha estallado. La guerra es efectivamente mundial cuando involucra a las metrópolis imperialistas, es decir, entre potencias de la Unión Europea, EE.UU y Japón. Es esto lo que determina que la tensión bélica aumente y luego se reduzca, debido a que ni Rusia ni China van a sortear el límite de romper el orden imperialista mundial del cual dependen.

La ruptura de la UE frente a la presión de la crisis mundial es lo que abrirá el escenario de una tercer conflagración mundial entre los principales centros imperialistas. Las agresiones de Trump son los preparativos, el ejercicio, que le reclama el complejo industrial-militar yanqui. Nosotros nos colocamos en contra de toda agresión imperialista. Nuestro grito es ¡Abajo la guerra imperialista! ¡Fuera el imperialismo yanqui del pacífico, de medio oriente y de toda américa latina!  Por eso saludamos el movimiento contra el complejo industrial-militar y el lobby de las armas protagonizado por el movimiento estudiantil estadounidense. Por eso nos colocamos de manera irrestricta del lado de los países agredidos o amenazados por la maquinaria bélica imperialista, como Corea del Norte.

Este es el mundo donde Macri quiere llevarnos. Ya Trump había humillado a Macri previamente a su reunión cuando dijo “yo le hablaré de Corea del Norte y él me hablará de limones”. El mundo se está preparando para una gran conflagración, con retracción del capital sobre bases nacionales, choques y extrema agresividad. Es un mundo que no está pensando cómo invertir en Argentina sino que está pensando activos “más seguros”, es decir, en bonos de los estados con los aparatos militares protagonistas de esa conflagración.

El mundo se le cae encima a Macri, el “gradualismo” ya no existe más

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Macri pretende llegar a 2019 con una plan económico electoral. Aunque sea con la lengua afuera, con lo justo, pretende llegar a la reelección para, si consigue un segundo término, ahí concentrarse en el ajustazo y las reformas de fondo que le exige el imperialismo. Ese es el sentido del respaldo del FMI al gradualismo macrista. Esto está fundamentado en que el gobierno ya se endeudó en un 44% de lo que necesita durante todo este año para financiar el déficit fiscal (tiene U$S 13.151 millones sobre 30.000 millones necesarios sólo a nivel nacional -sin contar unos 20.000 millones que necesitan las provincias). Luego de haber superendeudado al país con los especuladores internacionales, Caputo empezó a colocar deuda del Tesoro en pesos y en el mercado financiero local. Por el cambio de la situación internacional, el macrismo reorienta su plan financiero y se aboca a los inversores locales. En este sentido también quieren utilizar los grandes fondos institucionales (ANSES) y el sistema bancario (nueva resolución del BCRA habilitando a los bancos a comprar deuda con los depósitos de los ahorristas). Es decir, que se preparan para manotear el dinero de los jubilados y de los ahorristas.

Argentina, de hecho, fue caracterizada por la calificadora de deuda Standard & Poor’s como el segundo país más frágil en términos financieros frente a cambios bruscos a nivel internacional, sólo detrás de Turquía. Es decir que la consigna de “volver al mundo” que milita el macrismo, en verdad significa arrojarnos en medio de una tormenta financiera internacional que va a devorarnos y a profundizar el saqueo nacional. La reciente corrida bancaria demuestra esto.

Esta economía electoral hasta 2019 tiene dos problemas muy importantes: el macrismo no logró bajar las tasas de interés del Banco Central como dijeron en diciembre porque la inflación sigue desarrollándose a través de los tarifazos y como aumenta la fuga de dólares- y como las empresas argentinas tienen problemas para financiarse afuera- lo que está haciendo el Banco Central es salir a vender reservas fuertemente. Sólo en una semana liquidó 4.300 millones de dólares (alrededor de un 7% de sus reservas). Están haciendo esto para convalidar una devaluación gradual y para permitir que los grandes fondos que estaban en la especulación con las Lebacs realicen sus ganancias antes de irse. Esto tiene que ver con, por un lado la presión inflacionaria (que se desataría con una megadevaluación), y por otro para garantizar la bicicleta financiera, ya que los que traen dólares para invertir en Lebacs dejarían de hacerlo si el peso se desvaloriza rápido. Si sigue este ritmo, el BCRA no llega a 2019. Por la sequía y dado que los sojeros están esperando para vender por el bajo precio internacional de la soja, las exportaciones de granos no van a aportar esos dólares. Por lo tanto las posibilidades del gobierno son reducidas: una devaluación importante (probablemente cuando hayan cerrado las paritarias) o un Banco Central que liquide sus reservas cada vez más. Esto genera muchísima tensión política en el gobierno. La subida de las tasas del BCRA a 30,25% es una contraofensiva de Sturzenegger luego de que le impusieran las tasas bajas y el tipo de cambio planchado en diciembre.  

Es en este marco que el gobierno impulsa la “ley de financiamiento productivo” que en verdad se trata de una ley para favorecer la especulación financiera ya que quita funciones regulatorias al BCRA y la CNV y permite a los bancos vender las hipotecas UVA en el mercado financiero. El gobierno pondría el dinero de la ANSES a disposición para la compra de estos activos (idénticos a los que protagonizaron el estallido de la burbuja inmobiliaria en EE.UU en 2018), con lo cual se prepara para apalancar con el dinero de los jubilados la especulación inmobiliaria y financiera y la ganancia de los bancos.

Frente a esta situación el gobierno salió a mentir diciendo que ha bajado la pobreza en el país. Los números que presentó el gobierno son falsos porque no toma en cuenta el aumento de la pobreza de 2015 a 2016. En segundo lugar, no tiene en cuenta los aumentos de mitad de 2017 para acá. Asimismo se observó que hicieron la encuesta en hogares con mayor proporción de adultos que el promedio (por lo que esos hogares tienen más ingresos que el promedio). La economía electoral macrista incluye también la destrucción del ingreso de los trabajadores con un techo de las paritarias del 15% con una inflación que va a ser de alrededor del 25%.

Si Macri logra la reelección, se viene un ajuste brutal. Contra Macri 2019, vamos por un gobierno popular que dé satisfacción a todos los reclamos.

Ya sin apoyo externo, sin recursos internos y con el imperialismo presionando para que avance en las reformas estructurales anti-populares que aún no pudo introducir, el Macri del segundo mandato no sería el “gradualista”, el que se endeuda para hacer obra pública y aumentar el gasto social, sino la cara argentina del ascenso del fascismo a nivel mundial. Con las tasas de la FED y por lo tanto el costo de endeudamiento aumentando a nivel internacional, el macrismo no podrá reeditar el “ajuste gradual” financiado. Macri 2019 vendrá por un ajuste brutal.

La única perspectiva económica real de oposición frente a esta situación consiste en tener una política de confrontación con el imperialismo: frenar la fuga de capitales a través del control de cambios y el no pago de la deuda, concentrar la generación de divisas con el monopolio del comercio exterior, recuperar los recursos naturales y la renta asociada a estos (retrotraer el tarifazo, por ejemplo), expropiar el latifundio y las industrias estratégicas. Sin estas medidas elementales, es imposible pensar un aumento del nivel de vida del pueblo argentino.

Este es el fundamento objetivo de nuestra perspectiva de un gobierno popular en 2019 que dé satisfacción a todos los reclamos. El nacionalismo no tiene la capacidad (como la tuvo el kirchnerismo a partir de 2003) de asociarse a un orden imperialista que habilite el crecimiento económico de los países oprimidos a través de la exportación de materias primas, sumándose al acople chino-norteamericano. Este ya no es el mundo del consenso de Washington ni de las expansión monetaria, es el mundo de la ruptura entre EE.UU. y China y del estallido de la UE. Estamos en una nueva etapa histórica. El nacionalismo tendrá en frente no al imperialismo globalizador sino al fascismo belicista. Esta situación pondrá al gobierno frente a la necesidad, si quiere evitar un ajuste contra el pueblo, de buscar los recursos en medidas de defensa nacional.

Una política de ruptura con el orden imperialista mundial es más necesaria que nunca y, por lo tanto, es más improbable que ese proceso de liberación nacional se produzca bajo conducción de la burguesía nacional y su expresión política nacionalista burguesa, ya sea en su versión peronista como kirchnerista. El surgimiento del trosco-kirchnerismo, como expresión radicalizada de una oposición nacionalista a un gobierno pro-imperialista, probablemente sea un fenómeno pasajero impulsado por la encerrona que suponen las elecciones de 2019. Todos los actores políticos intervenimos sabiendo que el año que viene (o tal vez antes) se dará la lucha decisiva en la cual se definirá el desenlace de la lucha política. Una vez derrotado definitivamente (o por un tiempo prolongado) el macrismo o el kichnerismo, se dará un desplazamiento temporal de la situación prerrevolucionaria abierta en marzo de 2008 con la crisis campo-gobierno y, probablemente, tendremos un desenlace de características históricas tanto para la Argentina como para la región. Las tensiones bélicas y los tambores de guerra a escala planetaria, a su vez, muestra que la hora de la verdad se acerca y las presiones sobre los “patios traseros” serán brutales para que las potencias imperialistas puedan garantizarse la retaguardia en la futura conflagración mundial que se avecina. En este escenario, de posible gobierno popular tras la derrota de Macri, el Partido Piquetero se visualiza como el partido de oposición proletaria ante las constantes capitulaciones del nacionalismo ante la agenda reaccionaria del imperialismo. No deducimos mecánicamente, como hacían los mencheviques y los stalinistas, del carácter oprimido de la burguesía nacional una perspectiva de constante radicalización anti-imperialista. Como trotskistas, pensamos más bien lo contrario: el recrudecimiento de la lucha anti-imperialista probablemente empuje a la burguesía argentina al campo del imperialismo y, por lo tanto, si bien no descartamos que nuestro partido ingrese a un futuro gobierno consideramos que lo más probable es que rápidamente nos veamos eyectados de dicho gobierno o que, directamente, nosotros mismos consideremos que el mejor lugar para desarrollar nuestra política sea la oposición. Nuestra concepción estratégica trotskista es que el mejor lugar para desarrollar una izquierda revolucionaria y anti-imperialista es con el peronismo en el gobierno y con la izquierda en la oposición. Por lo tanto, cualquier participación del Partido Piquetero en un gobierno de mayoría peronista, la vemos como una variante improbable y transitoria siempre sujeta al crecimiento sistemático de nuestro Partido en confrontración con la mayoría peronista para imponer, por medio de nuestro desarrollo autónomo, el punto de vista y la política proletaria contra cualquier pacto con el imperialismo. En base a estas delimitaciones, rechazamos el rol de “consejeros” del nacionalismo al cual se auto-confinaron corrientes del trotskismo como Abelardo Ramos o el posadismo y ratificamos la lucha leninista y trotskista por la dirección del frente anti-imperialista en manos del Partido Piquetero, es decir, el partido proletario de la izquierda anti-macrista argentina.

Cuando como izquierda anti imperialista y revolucionaria impulsamos la perspectiva de un gobierno popular en 2019 lo hacemos entendiendo esta realidad a la que se enfrentará un gobierno anti-macrista en 2019 y por lo tanto que nuestro rol será pelear por la defensa de los intereses de los trabajadores, polemizando a cada paso para que el gobierno sea dirigido por una orientación obrera, popular y anti-imperialista. Estas son las tesis económicas que fundamentan nuestra urgencia por sacarnos de encima a Macri construyendo un frente opositor anti-macrista que gane las elecciones en 2019.

(*) Lionel Stiglitz es economista, dirigente piquetero de la AVP y dirigente nacional del Partido Piquetero

(*) Christian Armenteros es jefe de redacción y dirigente nacional del Partido Piquetero

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