[EL PIQUETERO N°2] – El Incidente de Xian

Un símbolo del Frente Único Anti-Imperialista entre comunistas y nacionalistas chinos

La madrugada del 12 de diciembre de 1936, cuatro camiones de soldados llegaron al lugar donde se alojaba Chiang, un antiguo complejo imperial en Huaqing, un lugar con fuentes termales a las afueras de Xian. Tras asesinar a la guardia, los ciento veinte soldados del grupo penetraron en el conjunto de edificios. Allí se enfrentaron con los guardaespaldas de Chiang, mientras este huía de la refriega saltando por una ventana, sin tiempo de vestirse. Tras sortear un muro y un foso donde se hirió, logró alcanzar el templo situado en lo alto de las fuentes termales, mientras le perseguían por la nieve. Logró esconderse en una cueva, oculta tras una roca, mientras los asaltantes continuaban buscándolo y fusilaban a su sobrino —entre otros odiados miembros de los «camisas azules»—, capturado en el ataque. Al mismo tiempo, sus acompañantes eran arrestados por toda la ciudad. Tras varios choques, los cuatro o cinco mil hombres del Kuomintang acuartelados en Xian fueron desarmados por las unidades de Zhang y Yang. Una doce de importantes oficiales que habían acompañado al generalísimo en su viaje a Xian también fueron capturados por los rebeldes. Cansado, herido y yerto, Chiang acabó entregándose a los soldados. A pesar de estar arrestado, los soldados de Zhang se mostraron en todo momento respetuosos con él. Como era costumbre en la época, Zhang proclamó las razones del rapto en un telegrama dirigido a los dirigentes nacionales y regionales. Exigió la reforma del Gobierno, el fin de la guerra civil, la liberación de los presos en Shanghái por realizar protestas antijaponesas y de otros presos políticos, el respeto a la libertad de expresión, la convocatoria de una conferencia de «salvación nacional» y la aplicación de los Tres Principios del Pueblo de Sun Yat-sen. En total, ocho condiciones que fundamentalmente exigían el fin de la guerra civil y la formación de una alianza antijaponesa.

Para cuando se produjo el secuestro de Chiang, este y los soviéticos estaban a punto de lograr un acuerdo, convencidos ambos de la amenaza para los dos países del expansionismo japonés. El rapto y la posibilidad de que Chiang muriese y fuese sustituido por otro dirigente más projaponés o el país se sumiese en la guerra civil que le impidiese enfrentarse a Japón preocupó al Gobierno soviético. Por su parte, los dirigentes del Kuomintang, aunque divididos en cómo debían reaccionar al secuestro de Chiang —algunos abogaban por atacar de inmediato Xian, incluso a riesgo de matar a Chiang—, coincidían en culpar a la URSS y exigieron su intervención para ponerle fin.

(…) El PCCh, por su parte, al comienzo decidió ajusticiar al Chiang tras un juicio popular. Para ello, solicitó permiso a Comintern, al tiempo que abogaba por poner en marcha el plan para establecer un Gobierno rival al de Nankín en la región. Pese a que no había participado en el plan de rapto de Chiang, que consideraba una conspiración de los militares, la dirección del partido al comienzo se alegró. Aunque el primer mensaje se envió la noche del día 12, Moscú no respondió hasta el 16. El mensaje de Georgui Dimitrov, secretario del Comité Ejecutivo Central del Comintern, indicó el rechazo al secuestro y la necesidad de formar un frente antijaponés. Esto obligaba a Mao a abandonar el plan de alianza con los caudillos militares de la región y dejar de apoyar a Zhang en su acción contra Chiang. En efecto, los días 13 y 14 Mao había felicitado a los caudillos militares rebeldes y propuesto una alianza militar oficial contra Nankín. El plan inicial era formar un Gobierno antijaponés rival del de Nankín que además sirviese para dividir las filas del Kuomintang. El PCCh, sin embargo, no se plegó totalmente a las directrices del Comintern y proclamó el día 19 su respaldo a lo calificó de progresismo y patriotismo de los militares que habían capturado a Chiang. Aceptó, no obstante, su deseo de resolver pacíficamente la crisis.

Zhang se enfureció cuando Zhou Enlai, al que había enviado un avión para que se reuniese con él en Xian y llegó a allí la tarde del 17, le comunicó la posición soviética, convencido de que los comunistas chinos le habían engañado. Zhang había invitado a Zhou para definir la alianza entre sus unidades y las de los comunistas, amenazadas por las del Kuomintang. La llegada de Zhou y de la delegación comunista en un principio alborozó a los militares rebeldes y la alianza entre el PCCh, Zhang y Yang. La falta de respaldo soviético convenció finalmente a Zhang de liberar a Chiang el 25 de diciembre, sin haber consultado con los comunistas y de buscar un final pacífico a la crisis. Sin un plan claro de acción y amenazado por las tropas del Kuomintang —cinco divisiones avanzaron hacia Xian—, se hallaba en una posición débil, ya que Chiang no se mostraba dispuesto a transigir y aceptar sin más sus exigencias. El 16, las divisiones internas entre los ejércitos locales se evidenciaron cuando una división entera del ejército de Yang se pasó a las filas gubernamentales. (…) Por su parte, Zhou tuvo un papel destacado en la solución pacífica de la crisis, principalmente por convencer al reacio Yang de liberar a Chiang incluso sin que éste aceptase por escrito las condiciones exigidas por Zhang. (…) Dimitrov indicó la necesidad de acabar pacíficamente con la crisis política desatada por el secuestro, a cambio de la inclusión de progresistas en el Gobierno de Nankín y de la garantía de los derechos civiles y políticos; los comunistas chinos exigían, empero, la convocatoria de una conferencia nacional que fijase el programa de gobierno y escudriñase la actividad de Chiang al frente del Ejecutivo.

El 22 de diciembre, con Chiang aún decidido a no aceptar las menguadas exigencias de Zhang para recobrar la libertad, llegó a Xian su esposa, Meiling. Esta se entrevistó con Zhou Enlai, que el 24 visitó finalmente a Chiang, a quien conocía de antiguo. En la cordial entrevista coincidieron en poner fin a la guerra civil y al día siguiente, con la simple garantía de la palabra de Chiang, este fue liberado. Las condiciones de la liberación se interpretaron de manera diferente por cada parte: Chiang insistió en no haber aceptado exigencia alguna, Zhang y Yang afirmaron lo contrario y Mao dio por buena su actitud conciliadora. Zhang solicitó acudir a la capital para responder de sus actos, pese a Zhou se lo desaconsejó.

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