[EL PIQUETERO N°1 – 2° ÉPOCA] LA REVOLUCIÓN GRIEGA: SEGÚN CHURCHILL, FUE “LA VICTORIA DEL TROTSKISMO ABIERTO Y TRIUNFANTE” EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La revolución griega: según Churchill, fue “la victoria del trotskismo abierto y triunfante” en la Segunda Guerra Mundial

FUENTE: “Trotsky y los trotskistas frente a la Segunda Guerra Mundial”, Pierre Broué, 1985

(…) Simplemente, como lo dice con fuerza: “Toda confusión con los pacifistas es cien veces más peligrosa que la confusión temporaria con los militaristas burgueses”. El Manifiesto de la Conferencia Internacional de mayo de 1940 es, como lo señala Daniel Guérin, “ese texto, que expresa con fuerza y convicción las circunstancias fundamentales del internacionalismo proletario”.[18] Su conclusión, que sigue al llamado a que los obreros aprendan el “arte militar”, no deja ninguna duda a ese respecto:

“Al mismo tiempo, no olvidemos ni por un solo instante que esta guerra no es nuestra guerra […] La IV Internacional edifica su política no sobre la fortuna de las armas de los estados capitalistas, sino sobre la transformación de la guerra internacional en guerra civil, una guerra de los obreros contra los capitalistas, sobre el derrocamiento de las clases dominantes en todos los países, sobre la revolución socialista mundial”.[19]

Entonces, la cuestión para Trotsky es la revolución, la forma que va a revestir el movimiento revolucionario desarrollado por la guerra y la crisis del mundo capitalista que ésta expresa y exacerba a la vez, y que crea las condiciones de la lucha de los trabajadores por el poder. Y esta lucha, durante la guerra y en el marco de la militarización de la sociedad, no puede ser imaginada – salvo por incorregibles soñadores o por sectarios, sin ligazón concreta con el combate político – bajo una forma que no fuera, en gran medida, la de una lucha de clases armada, la de una guerra de clases. La nueva arena, en donde habrá que vencer a los militaristas, exige la militarización de los trabajadores y de los revolucionarios.

Varias observaciones se imponen a quienes quieren verificar en la guerra la perspectiva esbozada por Trotsky en 1940. Primero, los diferentes partidos comunistas, por el hecho de que la línea de “defensa de la URSS” los ha transformado, a partir de 1941, en “activistas de la Resistencia”, han logrado imponer la ilusión de que tenían el monopolio de la lucha armada, con la que se esfuerzan a posteriori en identificar su política. Sin embargo, a partir de un cierto desarrollo de la lucha armada, precisamente, la defensa de la URSS, tal como es concebida en Moscú, ya no pasa por las operaciones de sabotaje o las acciones de los partisanos contra la maquinaria militar alemana. Se convierte en una lucha política, directa o indirecta, y, si fuese necesario, en una represión de tipo policial contra el mismo movimiento de masas cuando este último – es casi siempre el caso – arriesga comprometer los acuerdos entre la URSS y sus aliados, y cuestionar la repartición de las esferas de influencia o, más grave aún, desencadenar una revolución que ni Stalin, ni Churchill ni Roosevelt quieren más que Hitler, y que están decididos, de todas maneras, a aplastar, si este último no se ha encargado de ello antes.

Toda Europa ha sufrido la ocupación alemana y, en grados diversos, no sólo la opresión nacional que sufre todo país ocupado por un ejército extranjero, sino también el pillaje sistemático que ha sumergido a muchos en la hambruna y a todos en la penuria. Así, están creadas las condiciones de un ascenso revolucionario que se ha manifestado, en primer lugar y con mayor fuerza, en los eslabones más débiles de la cadena imperialista en Europa. Frente a este riesgo, las válvulas de seguridad emplazadas por el aparato stalinista no tuvieron tampoco la misma eficacia, en función de las relaciones anteriores entre partidos y masas, incluso en función de circunstancias históricas de orden accidental. El movimiento continuó, sin embargo, con sus contradicciones.

Trataremos de ver qué verificación general de las perspectivas de Trotsky puede encontrarse en el caso en que la revolución se produjo, y la cual a través de su propio desarrollo y en la medida en que pudo, por sus propios medios, desbordó el control del movimiento comunista oficial, pero sin contar con una dirección alternativa a aquélla que los entregó a la represión de los Aliados, una vez que el imperialismo alemán se derrumbó. A este respecto, el ejemplo griego nos parece uno de los más útiles.

La resistencia griega

Intentaremos poner a prueba las concepciones de Trotsky frente a la segunda guerra mundial a través de dos aspectos de la misma: el menos conocido, que fue la revuelta de los soldados y de los marinos del ejército griego de Medio Oriente, y la resistencia armada en el territorio griego, hasta que fue aplastada por el ejército británico, en diciembre de 1944 por orden personal de Winston Churchill, quien denunciaba a ésta como “el trotskismo abierto y triunfante”.

Una de las particularidades de Grecia – que también la tienen los países vecinos, como Yugoslavia e Italia – es que estaba antes de la guerra, desde 1936, bajo la dominación del “régimen del 4 de agosto”, la sangrienta dictadura militar-fascista del general Metaxas y del rey Jorge II, que había golpeado muy duramente al movimiento obrero, apresando o internando en las prisiones de las islas a sus dirigentes y cuadros, ahogando al PC griego en una clandestinidad precaria que volvía intermitente y frágil su relación con el “centro” de Moscú. Como sus camaradas de la vecina Yugoslavia, los comunistas griegos no “comprenden” cómo, una vez muerto Metaxas, su propio movimiento convierte en aliados democráticos a sus sucesores y a sus verdugos y hace de esto y de la restauración del rey ¡un objetivo de la lucha por la liberación de la humanidad! Así, al día siguiente de la agresión alemana, el PC griego lanzará la consigna de “asamblea constituyente”, abriendo ipso facto la “cuestión real”, ya que el rey, refugiado en Gran Bretaña, era el protegido de Winston Churchill: así, pone de entrada un obstáculo enorme en la vía de la “unión” entre la resistencia interna y el monarca exiliado, en la ruta de la política que le dicta la Internacional Comunista. Y cuando, a partir de 1942, el PC griego se decide a ocuparse de controlar y de centralizar la acción de los partisanos que se desarrolla, armas en mano, en las montañas, pero también en los suburbios de las ciudades, las comunicaciones se vuelven difíciles, no sólo entre Moscú y los dirigentes nacionales, sino entre estos últimos y los jefes de los combatientes, los andartes, estos Kapetanios, que en la acción, han dado los primeros ejemplos cediendo a la presión de los campesinos pobres y satisfaciendo sus reivindicaciones, lo que les permitía moverse como “peces en el agua”.

La resistencia griega, la del proletariado, de la pequeña burguesía, del campesinado, no surgió de la decisión de ninguna organización. Durante la noche del 30 al 31 de mayo de 1941, dos estudiantes, por fuera de todo marco organizativo, realizan una escalada a la Acrópolis para arrancar de ahí la cruz gamada, “acción de una audacia loca y de una espléndida espontaneidad” escribe André Kedros, y esto iba a convertirse en “el símbolo de insumisión griega”.[20] Más o menos en el mismo momento, después de la derrota del ejército regular, después de la desbandada frecuentemente organizada o provocada por los mismos oficiales, aparecieron las primeras bandas guerrilleras en el campo, armadas de fusiles y municiones recuperadas casi a discreción en los campos de batalla y los caminos donde el ejército había sido derrotado. En este país de tradición de lucha agraria, en donde el “bandido” ha sido durante mucho tiempo considerado el liberador y el defensor amado de los pobres, la aldea, como lo destaca de nuevo A. Kedros, “nutría grupos armados como un antídoto a la miseria y a las vejaciones”[21] que la ocupación engendra y multiplica. Se formaron, por todas partes, grupos minúsculos con diversos nombres – desde “sociedad mixta” a “grupos de asalto” – conformados por hombres que son reconocidos como jefes, jóvenes de temperamento combativo, o militantes veteranos evadidos de los campos de concentración de Metaxas durante la retirada.

Sin embargo, la dirección del PC griego, al comienzo, no se dedica a organizarlos, a centralizarlos y a desarrollarlos. Fiel a las consignas de Moscú, se da como primer objetivo la constitución de un “frente nacional” contra el invasor – es decir, por el momento, la formación de un bloque con las otras organizaciones políticas del país. No obstante, no llega a formarlo porque, a pesar de su buena voluntad, no pudo formular una política coherente sobre la cuestión de la monarquía – un punto muy sensible para su propia base, pero también para las fuerzas políticas ligadas a la burguesía y a los terratenientes, quienes no quieren ni pueden romper con la monarquía y con su protector británico.

El EAM – Frente Nacional de Liberación – se fundó en septiembre de 1941, pero es nada más que una organización que lleva ese nombre y no el frente nacional esperado: junto al PC griego, hay únicamente minúsculas formaciones socialistas, dos organizaciones “democráticas” también pequeñas, y los sindicatos. El EAM rechaza todo basamento para la lucha que no sea nacional, se niega a encarar la liberación “social”, se dirige a “la nación” sin distinción de clases, pone el acento en las adhesiones que vienen de las capas superiores de la sociedad, hace silencio respecto de las reivindicaciones obreras.

Esta voluntad de mantener unida a la “nación” contra el invasor – mientras que ésta no lo estaba – de callar las fuentes de clase de la oposición popular al ocupante y a sus colaboradores de la burguesía griega, sin embargo, no llega a impedirle a los trabajadores y a las capas más pobres que se hagan cargo del marco de organización que el PC griego propone y que van a utilizar instintivamente para satisfacer sus reivindicaciones: el flujo de combatientes da un carácter de clase a este EAM, que se esfuerza en rechazarlo con encarnizamiento. Son los trabajadores los que se manifiestan por miles en el primer aniversario del ataque italiano el 18 de octubre de 1941. En diciembre, los estudiantes se lanzan a la lucha. El 26 de enero de 1942 y luego el 17 de marzo, una categoría de pobres particularmente miserables, los mutilados de guerra, se movilizan por las calles, ayudados por los militantes clandestinos del Frente EAM vestidos de enfermeros. Y la organización se extiende y se perfecciona. El 15 de marzo de 1942, hay manifestaciones por reivindicaciones económicas en varias ciudades; en Atenas, éstas van seguidas de huelgas: las de 40.000 empleados públicos – en cuya dirección se encuentran militantes trotskistas – del 12 y 21 de abril, luego la de obreros de una fábrica de fertilizante del Pireo en agosto de ese año. En ese lapso, los campesinos del Peloponeso lograron una serie de reivindicaciones. Como el pueblo griego es “rojo”, como las masas se ponen en movimiento, el PC se decide a enviar a un puñado de militantes a organizar a los partisanos, los andartes, en el marco del Ejército Nacional de Liberación del Pueblo, las unidades militares del ELAS, brazo armado del EAM.

Un informe de la Abwehr alemana, de noviembre de 1942, señala la existencia, dentro del país, de distritos enteros que están “en manos de las bandas guerrilleras”, los que ejecutan a los traidores, distribuyen los granos que recogen mediante requisas forzadas, llaman a los aldeanos a designar libremente a las autoridades y a debatir democráticamente todos los problemas. La lucha de los andartes se vuelve, por la fuerza de los hechos, y por fuera de la voluntad de sus responsables políticos, un elemento de guerra de clase en el campo, quizás más social que nacional, aún cuando los partisanos del célebre Aris Veluchiotis toman parte en las espectaculares acciones de sabotaje de las vías de comunicación y de los medios de transporte, que desorganizan la maquinaria militar alemana. No podemos hacer aquí una historia del movimiento de masas en Grecia: el 22 de diciembre de 1942, hay 40.000 personas en huelga. Las manifestaciones y huelgas desencadenadas por el anuncio de la introducción del servicio de trabajo obligatorio en Alemania, y que se acrecientan desde el 24 de febrero al 5 de marzo de 1943, obtienen el resultado – único en Europa – del retiro del proyecto de servicio de trabajo obligatorio por parte de los alemanes. En 1943, la lucha armada no es de pequeños grupos, sino de verdaderas unidades militares que, llegadas a la región, son un punto de partida de la extensión de las “zonas liberadas”, y se acompañan con un verdadero “levantamiento de masas” del “pueblo en armas”. Kedros asegura: “La resistencia armada es asunto de toda la población”. En las ciudades, el movimiento de masas se revela indomable, hay una huelga general en Atenas, el 25 de junio de 1943, contra la ejecución de rehenes por parte de los nazis. La huelga de los tranviarios, a partir del 12 de junio, había llevado a la condena a muerte de 50 trabajadores de los tranvías, que la huelga general salva de la ejecución. En 1944, no sólo vastas zonas rurales han sido liberadas, sino que las fuerzas alemanas son sitiadas en las ciudades, que sólo dejan en convoyes protegidos. Alrededor de Atenas, en el “cinturón rojo”, los barrios obreros son bastiones del pueblo armado.

Durante este tiempo, los dirigentes del PCG que controlan el EAM y el ELAS, continúan sosteniendo que llevan una lucha puramente “nacional”, a la que niegan todo carácter de clase. No es este el punto de vista del gobierno griego en el exilio que protege Churchill. A partir de 1942, elementos de los cuerpos de oficiales – este “último baluarte del Estado”, decía Churchill en tiempos de Franco – agrupados en la organización Khi de Grivas, Pan, Jerarquía militar, los Zervas y los Dentiris, ligados al servicio secreto de Metaxas, organizan el contrataque, intentado formar “guerrillas nacionales”, más orientadas hacia la lucha contra las “guerrillas comunistas” que contra el ocupante. Se trata de hacer aquí “Mijailovich griegos” – como ese coronel serbio que dirige los chetniks, es ministro del rey en el exilio, y combate, armas en mano, a los partisanos de Tito. El dinero no falta y el material tampoco: se pretende crear grupos nuevos, pero esperan también corromper a los cuadros del ELAS, tan desprovistos materialmente que el éxito de la operación parece asegurado. Uno de los jefes del SOE (Ejecutivo de Operaciones Especiales) británico en Grecia, Eddie Myers, brinda con respecto a esto, en sus memorias, un documento que corrobora el análisis de Trotsky y muestra la lucidez de un campeón del orden social como lo era Churchill, estratega de la lucha de clases vista de la trinchera de enfrente. A partir de abril de 1943, sus superiores le hicieron saber:

“Las autoridades de El Cairo consideran que después de la liberación de Grecia, la guerra civil es prácticamente inevitable”.[22]

Ahora bien, el movimiento de masas que hace crecer al EAM y al ELAS, la lucha que se cuela por las ranuras, y luego por los canales de las clases, barre estas acciones distractivas y no deja de afirmarse, como cuando el coronel Saraphis, oficial demócrata elegido para ser el “Mijailovich griego” decide unirse al ELAS, del que aprecia ¡la eficacia y la representatividad! La capitulación italiana da a los andartes y a sus auxiliares civiles más armas de guerra que las que brindaban los Aliados mediante lanzamientos en paracaídas.

1943 es, en este aspecto, el año crucial. El político Ioannis Rallis se convierte en el primer ministro de Grecia ocupada.[23] Incluso los alemanes saben que está en contacto con agentes secretos británicos. La clase dirigente prepara, activa y conscientemente, la transformación de la guerra nacional en guerra civil: en Atenas, son los Batallones de Seguridad, una milicia de siniestra reputación, en El Cairo estaba la Brigada de la Montaña, encargados de aplastar al movimiento popular. Por su parte, el PC griego se afirma más aún como partidario de la política de colaboración con la “guerrilla nacional” y como partidario de la “tolerancia”, cuyo sentido es la renuncia a los métodos de clase, a la vez que se prepara para los enfrentamientos con su ala izquierda. En marzo de 1943, a pesar de los peligros de tal expedición, Aris Veluchiotis es convocado, desde su base en la montaña de Rumelia, a Atenas, en donde lo reprenden severamente. En ocasión de la disolución de la Internacional Comunista en mayo, el PCG adoptó una línea de la que, en adelante, no pudo desviarse:

“El PCG apoya por todos los medios la lucha por la liberación nacional y hará todo lo que esté en sus manos para que todas las fuerzas patrióticas se unan en el Frente Nacional inquebrantable que movilizará al pueblo entero para sacudir el yugo extranjero y para obtener la liberación nacional junto a nuestros grandes Aliados”.[24]

Al mismo tiempo, desarrolla su policía política, la OPLA, compuesta de asesinos escogidos con mucho cuidado, que utilizará para golpear más a los “trotskistas” y a los “izquierdistas” que a los “colaboracionistas”.

La política de unos y otros va a sufrir un primer test con las sublevaciones del ejército griego en Egipto, una historia aún mal conocida, que nos parece una contribución fructífera a la discusión en torno a la “política militar proletaria” de Trotsky. Este hecho se produjo en lo que puede llamarse, por analogía con Francia, “Grecia libre”: después de la derrota de abril de 1941, los restos del ejército y de la flota, altos funcionarios y ministros, y el “gobierno en el exilio” del rey Jorge II. Los grandes personajes, y en particular, los jefes militares son, evidentemente, jerarcas del régimen dictatorial fascista del general Metaxas – y el pueblo piensa que es por esta razón que los han “traicionado” frente al invasor nazi. Sin embargo, como afirma Dominique Eudes, “junto al círculo de oficiales y políticos de la camarilla real, se constituye en Egipto el embrión de un nuevo ejército griego”[25]: escapados de unidades militares evacuadas por mar, voluntarios que, con miles de dificultades, se han reunido en Egipto, tripulaciones de navíos mercantes, incluso de guerra, que han elegido reunirse en Alejandría, son evidentemente hombres que quieren pelear “contra el fascismo”, por “la libertad y la democracia” como lo asegura el nuevo jefe “liberal” del gobierno. El conflicto es, entonces inevitable, entre el grueso de los 20.000 hombres que vienen a combatir al fascismo, y la camarilla monárquica, ante todo preocupada, como Churchill, por “salvar a Grecia del comunismo”.

En octubre de 1941 se crea en el ejército griego de Medio Oriente la organización clandestina ASO (Organización Militar Antifascista), cuyos objetivos son simples, incluso simplistas: envío de las unidades griegas al frente, lucha en Grecia junto a la Resistencia, rechazo de infiltración al ejército del Cairo por los oficiales metaxistas que quieren restituir su régimen en Grecia cuando finalice la guerra. Los cuadros metaxistas demandan la revocación de los cuadros considerados como simpatizantes de la ASO, con expulsiones masivas. Los oficiales expulsados de la Segunda Brigada son arrestados y reemplazados. A pesar de las amenazas, los motines tienen lugar y la Primera Brigada se solidariza con ellos. El gobierno cede y acepta el alejamiento de los oficiales metaxistas para evitar que los eventos queden fuera de control y para preparar un renovado ataque. En los meses que siguen, las directivas militares permiten dislocar las unidades, “castigar” a los rebeldes mediante entrenamientos disciplinarios y finalmente, identificar a los elementos subversivos y devolver a sus puestos a los oficiales alejados hace un instante.

La segunda sublevación es más grave, aunque no menos significativa. Las reivindicaciones de los oficiales inspirados en la ASO son más políticas que en 1943. Bajo la presión de los hombres, al día siguiente de la constitución del PEEA en Grecia – verdadero gobierno provisorio de la resistencia griega –, el Comité de Coordinación Inter-armas presenta una petición, firmada por la mayoría de los soldados griegos, reivindicando la formación de un verdadero gobierno de “unidad nacional”, sobre la base de las proposiciones del PEEA. La iniciativa no viene ni del EAM ni del ELAS ni de Grecia, sino simplemente, de la idea que los soldados se hacen acerca de la situación del país y de las condiciones en las que podrían luchar “verdaderamente” contra el fascismo.

El mismo día, el 31 de marzo de 1944, los delegados de los soldados y del comité mixto piden ser recibidos con su petición en la embajada de la URSS. El embajador les cierra la puerta. No encuentran eco ni promesas de apoyo más que ante la izquierda laborista británica en Europa; en Egipto, por el contrario, gozan de la simpatía de la población egipcia, siempre cerca de los trabajadores griegos. Mítines y manifestaciones se suceden en Alejandría y El Cairo. A partir del 4 de abril, la policía egipcia interviene junto al gobierno griego en el exilio y los británicos, arrestando a unos cincuenta militantes obreros, dirigentes sindicales, y sobre todo, a dirigentes de los portuarios griegos. El Alto Mando británico, por su parte, desarma a dos regimientos, envía a 280 “dirigentes” a un campo de concentración, luego, el 5 de abril, desarma a la unidad destinada al comando griego en El Cairo, y recluye a los “amotinados”.

Estos últimos están desesperados. La Primera Brigada arresta a los oficiales metaxistas, reorganiza el comando y se rehusa a entregar las armas, como preludio a su reclusión. Luego el movimiento se extiende a la marina de guerra, al caza torpedero Pindos, luego al crucero Averof, el Ayax y otros más. La tripulación amotinada designa a un “comité mixto de oficiales y soldados” que toma el mando. El embajador británico Reginald Leeper, cercano al gobierno griego de El Cairo telegrafía a Churchill:

“Lo que sucede aquí entre los griegos, no es ni más ni menos que una revolución.”[26]

La represión se lleva a cabo bajo el control directo y personal de Churchill. La llegada a El Cairo del rey Jorge II es, tanto un símbolo como una provocación; el apoyo de los jóvenes egipcios a los amotinados es una promesa. El 13 de abril, el almirante Cunningham proclama que está decidido a “aplastar la rebelión” y, si es necesario, a hundir los barcos griegos en la rada misma de Alejandría. Las unidades terrestres amotinadas son encerradas, privadas de agua y cercadas por el hambre. El 22 de abril, un golpe organizado por el antiguo jerarca metaxista, el almirante Vulgaris, triunfa contra el Ayax; los otros navíos ceden frente a los cañones británicos; el general Paget lanza sus tanques contra la Primera Brigada, que, a su turno, capitula. En pocos días, cerca de 20.000 voluntarios griegos del ejército de Medio Oriente se encuentran en los campos de concentración de Eritrea y de Libia.[27]

Ya no existe el ejército griego de Medio Oriente. Pero desde entonces, el lugar está libre para formar a las tropas de choque especialmente preparadas, técnica y políticamente, para la guerra civil luego de la ‘’liberación’’.

Destaquemos la supresión de las informaciones de prensa sobre este punto por la censura británica. Este no fue un episodio menor, de hecho fue muy significativo, lo cual, sin duda, explica la violenta respuesta de las autoridades británicas. Revela, en efecto, la mentira, tanto de la defensa nacional como de la unidad nacional: los 20.000 voluntarios griegos querían “defensa” y “unidad”, pero sus jefes no querían esto y los aplastaron: los dirigentes griegos exiliados y los jefes británicos prefirieron destruir tropas de gran valor, experimentadas, antes que dejarles expresar su punto de vista sobre la guerra, la “defensa” y la “unidad”. Desenmascara la mentira de la “guerra contra el fascismo”, por “la libertad y la democracia”. Para los griegos, Metaxas era un odiado dictador fascista. Los Aliados pretendían imponer a sus cómplices; la política de Churchill pretende restaurar la dominación de las fuerzas que apoyaban a Metaxas.

Las observaciones de Trotsky sobre la guerra en 1940 toman aquí todo su relieve: los soldados griegos de Medio Oriente aspiran a combatir, armas en mano, contra el fascismo y se niegan a hacerlo bajo las órdenes de los fascistas, exigen oficiales de confianza, establecen una alianza con el movimiento obrero, constituyen sus propios organismos de tipo soviético. Esto es en la misma línea definida por Trotsky: “Combatir, sí, pero no a lo Pétain o bajo las órdenes de Pétain” y se expresa en el movimiento de masas nacido de la guerra. Y es en esta importante fracción de la “sociedad militarizada” que es el ejército – no menos importante que las fábricas – en donde se expresó, como lo había previsto Trotsky.

Después de las entrevistas y las negociaciones en las que Stalin se comprometió a dejar a Churchill las manos libres en Grecia[28], son el PCG y, a través suyo, el EAM, quienes van a poner la soga al cuello a este extraordinario movimiento de masas en ese país, luego de haber colaborado políticamente en la represión de los amotinados.

Después de la crisis de abril de 1944, el gobierno en el exilio en El Cairo fue confiado a Georges Papandreu, quien buscó promover “la unión anticomunista”. Bajo su presión, los dirigentes del EAM y del ELAS firman el 30 de mayo de 1944 la “Carta del Líbano” condenando…el terrorismo del ELAS, la indisciplina de los amotinados (y muchos de ellos son condenados), dejando abierta la cuestión de la monarquía, aceptando un comando único de las fuerzas armadas y restableciendo el orden “con la unión de las tropas Aliadas” para la liberación. Durante varias semanas, el EAM–ELAS refunfuña, negocia, reclama los ministerios, reclama un cambio de primer ministro. Sin embargo, la llegada a la montaña de la misión soviética dirigida por el coronel Popov, pone fin a estas veleidades de mal humor. Los comunistas y el EAM entran incondicionalmente al gobierno. Cuando el ejército alemán se retira – deja Atenas el 12 de octubre de 1944 – el PC griego llama a los griegos a “asegurar el orden público”, asegura el pasaje de poder a Papandreu, quien ha llegado junto con las tropas británicas, mientras que el ELAS es, en todas partes, el verdadero poder. Es Churchill quien va a provocar a los “resistentes”, cuando ordena al general Scobie, jefe de las fuerzas armadas aliadas, que preserve a las unidades militares de “colaboracionistas”, como ‘’los batallones de seguridad’’, rechaza toda depuración y se asegura que el gobierno Papandreu, el 2 de diciembre, desarme las fuerzas del ELAS. El fusilamiento en la plaza de la Constitución del 3 de Diciembre – decenas de muertos y centenas de heridos en una manifestación pacífica contra la que la policía abre fuego –, la mayor manifestación de la historia griega contra esta decisión de desarme, desencadenó los treinta y tres días de combate armado en Atenas, entre las fuerzas del orden, reunidas alrededor de las unidades del general Scobie, y las de la Resistencia local.

Winston Churchill realizaba finalmente su plan de aplastamiento de la revolución griega, anunciando que intervenía para prevenir una “horrible masacre” – la voluntad de justicia y de depuración – y para impedir lo que llamaba “la victoria del trotskismo abierto y triunfante” con una risa burlona de complicidad dirigida a Stalin[29] … A partir del 3 de diciembre, las unidades del ELAS, cuyos jefes han decidido no entregar las armas, están igualmente paralizadas por la prohibición que se les hace de tirar contra las unidades británicas apostadas en Grecia “por voluntad del presidente Roosevelt y del mariscal Stalin”, como lo recuerda gustosamente Churchill. Los andartes de Macedonia, la tropa de choque y la fuerza de la montaña reciben la orden de no moverse y de dejar que los combatientes de Atenas fueran exterminados. El heroísmo de los combatientes nada puede contra la política de los dirigentes decididos a conducirlos a la capitulación que exige Moscú.

Luego de varias semanas de negociaciones, y mientras que las fuerzas del ELAS se negaban a entregar las armas en Atenas – pero sin que las fuerzas del resto del país acudan en su ayuda – los partisanos fueron librados a la represión mediante el acuerdo de Varkitsa del 15 de febrero de 1945 que prescribe el desarme total de todas las unidades. Aris Veluchiotis, esta vez, mide la extensión de la traición organizada por el PC griego y se rehusa a someterse. Es denunciado por el periódico del PC, Rizospastis, el 12 de junio, es asesinado el 16 y su cabeza es expuesta públicamente en las aldeas desde el día 18 de junio. ¿Cuántos otros combatientes de la resistencia nacional y popular caen ahora bajo los golpes de los británicos y de las unidades especializadas en la guerra civil, formadas en Atenas bajo la égida alemana o en El Cairo, bajo la égida de los británicos? Años de traición stalinista serán necesarios, sin embargo, para vencer el gran aliento combatiente de la revolución griega.

[29] Churchill justificó el 19 de diciembre de 1944 en estos términos, hablando ante la Cámara de los Comunes, el empleo de la palabra “trotskismo”: “Creo que ‘trotskismo’ es una definición mejor del comunismo griego y de algunas otras sectas que el término habitual. Tiene la ventaja de ser igualmente odiado en Rusia”. Esto fue seguido de risas prolongadas. En el debate del 13 de diciembre, Churchill había invitado al diputado comunista Gallacher a no entusiasmarse demasiado con respecto a la situación en Grecia, si no quería correr el riesgo de ser acusado de “trotskista”. Es interesante notar que Churchill señalaba que el arzobispo Damaskinos, que fue impuesto más o menos como regente por las autoridades británicas, “temía mucho que los comunistas, o los trotskistas como decía él, se inmiscuyeran en los asuntos griegos”. (W Churchill, The Second World War, volumen 6, Londres, 1954, p. 272). Churchill notó que las masacres británicas en Atenas fueron amplia y fuertemente criticadas por la prensa norteamericana, por el Departamento de Estado estadounidense, y también por The Times y por The Manchester Guardian, pero añadía: “Stalin, no obstante, se ciñó estricta y lealmente a nuestro acuerdo de octubre, y durante todas las largas semanas de combate contra los comunistas en las calles de Atenas, ni una sola palabra de reproche fue publicada en Pravda o en Izvestia” (ibidem, p. 255).

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